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Lección IV: El poder de la Palabra de Dios (segunda parte)

Juan 3:3-8

Jn 3:3-8: "Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu."

Preguntas sobre Juan 3:3-8

1. ¿Bajo qué condición se puede ver el Reino de Dios?

«De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3).

La condición es nacer de nuevo. Sin ese nacimiento no es posible ver el Reino.

2. ¿Se trata de un nacimiento natural o espiritual?

Nicodemo entendió un nacimiento natural: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?» (Juan 3:4).

Jesús aclara que se trata de un nacimiento espiritual: «el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3:5).

3. ¿Cuál es el agente generador?

«El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3:5).

El agente generador es el Espíritu (junto con el agua, que señala la Palabra).

4. ¿Qué contraste se establece entre el nacimiento natural y el espiritual?

«Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (Juan 3:6).

El nacimiento de la carne produce solo carne; el nacimiento del Espíritu produce espíritu.

5. ¿Son visibles los efectos del soplo del viento?

Jesús mismo responde en el versículo 8: «El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va». Oímos el sonido y vemos sus efectos (las hojas que se mueven, el polvo que se levanta), aunque no vemos el viento mismo ni sabemos de dónde viene ni a dónde va. Los efectos son perceptibles, aunque el soplo permanezca invisible.

6. ¿Qué comparación se establece entre esto y la obra del Espíritu?

El mismo versículo continúa: «así es todo aquel que es nacido del Espíritu». La comparación es directa: así como el viento es invisible pero sus efectos se oyen y se sienten claramente, así es la obra del Espíritu en quien nace de nuevo. El nuevo nacimiento no se ve con los ojos naturales, pero sus frutos sí se manifiestan en la vida transformada. No nos maravillemos de que sea necesario nacer de nuevo (v. 7); es la obra del Espíritu la que hace posible entrar en el reino de Dios (v. 5).

Preguntas sobre 1 Pedro 1:23

1P 1:23: "siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece «para siempre.»"

1. ¿De qué nacimiento se habla aquí?

Se habla del nuevo nacimiento: «siendo renacidos… por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre». Es el renacimiento espiritual que nos hace hijos de Dios.

2. ¿Cómo se establece el contraste entre el nacimiento natural y el espiritual?

El contraste es claro y hermoso: «no de simiente corruptible, sino de incorruptible». El nacimiento natural proviene de una semilla que se corrompe y perece; el nacimiento espiritual proviene de la simiente incorruptible, que es la palabra de Dios, la cual «vive y permanece para siempre». Por esa Palabra eterna somos engendrados para una vida que no se marchita.

3. ¿Cuál es el agente generador?

«Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23, Reina-Valera 1909).

4. ¿Qué característica de la palabra de Dios se menciona?

«…por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23, Reina-Valera 1909).

III. Preguntas sobre Santiago 1:18

Stg 1:18: "El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas."

1. ¿A qué nacimiento se hace referencia aquí?

«Él, de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas» (Santiago 1:18, Reina-Valera 1909).

2. ¿Cuál es el agente generador?

Según el texto: «El, de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad…»

El agente generador es la palabra de verdad. Dios engendra por medio de ella, según su propia voluntad.

3. ¿En qué se convierten aquellos que son engendrados de esta manera?

El mismo versículo continúa: «…para que seamos primicias de sus criaturas».

Los que son engendrados por la palabra de verdad llegan a ser primicias de las criaturas de Dios.

El AGUA se utiliza como símbolo de limpieza (1 Pedro 3:21); pero el poder reside en la palabra (Efe. 5:25-27), mediante la cual somos limpiados (Juan 15:3), a través del Espíritu que habita en ella (Tito 3:5). Cristo también es llamado el Verbo o la Palabra (Juan 1:1), y en él está la vida (Juan 1:4; 5:26) y el poder para dar vida (1 Cor. 15:45).

Así que, cuando le recibimos —lo cual se hace creyendo en él (Juan 1:12; Efe. 3:17)—, tenemos vida (1 Juan 5:12), y Cristo mismo habita en nosotros (Gál. 2:20) mediante su palabra (Col. 3:16). De este modo nos alimentamos de él (Juan 6:57) al estudiar su palabra (Jer. 15:16). Así, la misma Palabra, mediante la cual todas las cosas fueron creadas en el principio, engendra por el mismo poder una vida nueva en el creyente.

Preguntas sugerentes

1. ¿Qué relación tiene la enseñanza de esta lección con la cuestión de la inmortalidad condicional?

Según Santiago 1:18 (RV 1909), Dios «de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas». Esta enseñanza muestra que la vida nueva no es algo inherente ni inmortal por naturaleza en el hombre, sino un don que Dios otorga mediante su palabra. La vida se recibe por el nuevo nacimiento; no se posee de forma incondicional. Así, la Palabra que engendra es la fuente de la vida, y sin ella no hay esa vida que nos hace primicias de sus criaturas.

2. ¿Cómo refuerza esta lección la importancia del estudio constante de la Biblia?

El mismo versículo declara que hemos sido engendrados «por la palabra de verdad». Si la palabra es el agente por el cual Dios nos da vida y nos constituye primicias de sus criaturas, entonces estudiarla con constancia es recibir y retener ese poder generador. Al alimentar el alma con ella, permanecemos en la vida que Dios nos ha dado y crecemos como sus criaturas nuevas. El estudio diario no es opcional: es el medio por el cual la palabra sigue obrando en nosotros.

3. ¿Qué cosas son las únicas que pueden ser traídas a nuestra memoria?

Las únicas cosas que el Espíritu Santo trae a nuestra memoria son las palabras que el Señor Jesús ha dicho. Así lo declara Juan 14:26 (Reina Valera 1909):

«Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.»

El Espíritu no inventa ni trae recuerdos ajenos: obra mediante la Palabra de Dios que habita en ella, y solo esa Palabra es la que puede ser recordada y aplicada en el corazón del creyente.

4. ¿Qué gran mal ha resultado del abuso de aquel invento que ha hecho posible la existencia de Biblias económicas?

El invento de la imprenta ha puesto Biblias al alcance de muchos a bajo costo. Sin embargo, el abuso de esta abundancia ha llevado a muchos a tratar la Palabra de Dios como algo común o a llenar la mente con escritos humanos en lugar de estudiarla con reverencia. La Palabra es espíritu y vida (Juan 6:63, RV 1909):

«El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida.»

Cuando se abusa de la facilidad de tener Biblias, se pierde el sentido de su poder regenerador y se descuida el estudio constante que engendra la vida nueva.

5. ¿Por qué se ha intentado llenar la mente con las palabras de los hombres?

Se ha intentado porque las palabras de los hombres no condenan el pecado ni exigen el nuevo nacimiento por la Palabra viva de Dios. La Palabra de Dios, recibida como tal, obra en los que creen (1 Tesalonicenses 2:13, RV 1909):

«Por lo cual, también nosotros damos gracias á Dios sin cesar, de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de nosotros, recibisteis no palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, el cual obra en vosotros los que creísteis.»

Llenar la mente con palabras humanas es un intento de evitar ese poder que discierne el corazón y engendra la vida espiritual. Solo la Palabra de Dios, por el Espíritu, produce el verdadero nacimiento de arriba.