Editorial

¿Nacemos en pecado? (p. 3)

CURA CONTRA EL CÁNCER, ¿terrenal o celestial? (p. 11)

EL BAUTISMO BÍBLICO (p.13)

DANIEL Y APOCALIPSIS de Uriah Smith (p.17)

EDITORIAL

Ha terminado el mes de enero. Comienza el segundo mes del año, y nosotros seguimos avanzando en la predicación del mensaje. Nuestra misión es restaurar el adventismo original y proclamarlo al mundo entero. Esta revista es parte de esa misión: preparar un pueblo que esté de pie ante la bestia, su imagen y su marca, defendiendo la verdad presente, aun en medio de la apostasía de muchos.

En este número compartimos el sermón del sábado pasado: ¿Por qué muchos cristianos malcrían a sus hijos? Abordamos que la causa es un concepto errado de la condición moral de los recién nacidos. Algunos creen que nacen inocentes y neutros, y esto los lleva a no corregirlos o a descuidarlos hasta que puedan pecar. Craso error.

También tratamos un tema de salud de actualidad. Presentamos la respuesta inspirada sobre la verdadera causa del cáncer y cómo prevenirla. Interesante y necesario.

Por otro lado, el hermano Freddy nos explica de forma sencilla pero contundente el verdadero bautismo bíblico en su forma, sentido y fórmula.

Y el último artículo presenta en español la gran verdad revelada a EGW sobre la importancia del libro de Daniel y Apocalipsis escrito por Uriah Smith para el pueblo adventista y para el mundo en general.

En realidad, este número está cargado de información vital para la preparación para el tiempo final.

Que sea de edificación es el sincero deseo de su hermano y pastor John García, junto con el resto del equipo editorial.

En Su gracia,
El equipo editorial

LA VERDAD BÍBLICA DE CÓMO NACEMOS EN PECADO Pr. John Garcia

1 Juan 3:4 — «Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley.»

La única definición del pecado es la que da la Palabra de Dios: “El pecado es transgresión de la ley”; es la manifestación exterior de un principio en pugna con la gran ley de amor que es el fundamento del gobierno divino. CS 484.1

  • La definición única y clara de la Biblia: el pecado es transgresión de la ley de Dios, ya sea en actos visibles (externos) o invisibles (internos: pensamientos, sentimientos, deseos albergados como codicia, enojo, rabia, envidia, lujuria, etc.).
  • Incluye pecados por omisión:

Santiago 4:17 — «El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace.»

  • Recordemos que todo lo bueno se resume en la ley (Rom 7.12), en amar a Dios y al prójimo. Por tanto, el que sabe lo bueno (la ley) y no lo hace es pecado (transgrede). O sea, que no es otra definición de pecado, es la misma definición puesta en otras palabras.

Y todo acto que no proviene de fe:

Romanos 14:23 — «Mas el que hace diferencia, si comiere, es condenado, porque no comió por fe: y todo lo que no es de fe, es pecado.»

→ Sin fe es imposible cumplir la ley perfectamente; por tanto, todo pensamiento, deseo o acción que no provenga de la fe en Dios es transgresión o pecado.

Se puede pecar aun sin conocer la ley formal:

Romanos 2:12-16 — «Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos para con Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados…»

→ Algunos pecan (sin ley), lo cual nos muestra que no hace falta conocer la ley y rebelarse a ella para pecar.

Se puede transgredir la ley incluso sin mala voluntad o mal deseo explícito:

Rom 7:15 Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago…

Rom 7:19-20 Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí.

No hace falta «querer el mal» para que sea pecado; basta con apartarse de la ley (por ignorancia, yerro o debilidad).

PECADO Y CULPA

Lo que cambia no es el hecho de haber pecado, sino la culpa y la condenación asociadas.

  • La culpa y condenación eterna no son heredadas directamente (cada uno responde por sus propios pecados – Ezequiel 18:20).

Eze 18:20 El alma que pecare, esa morirá: el hijo no llevará por el pecado del padre, ni el padre llevará por el pecado del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.

Y estas dependen de nuestra participación voluntaria en el pecado.

Pecado a sabiendas trae mayor culpa (como los que conocen la ley y la quebrantan).

Pecado de ignorancia o por yerro trae pecado, pero menor culpa/condenación:

Rom 5:12 De consiguiente, vino la reconciliación por uno, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó á todos los hombres, pues que todos pecaron.

Rom 5:13 Porque hasta la ley, el pecado estaba en el mundo; pero no se imputa pecado no habiendo ley.

El texto es claro en el sentido de que no se imputa o culpa de pecado, si no sabes de la ley.

Veamos un ejemplo:

Rom 5:14 No obstante, reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun en los que no pecaron á la manera de la rebelión de Adam; el cual es figura del que había de venir.

Pablo dice claramente que Adán pecó por rebeldía.

1Ti 2:14 Y Adam no fué engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino á ser envuelta en transgresión:

Adán pecó con pleno conocimiento. Y en rebeldía.

Eva fue engañada, entonces pecó por engaño; entonces no tenían la misma culpa aún por el mismo pecado.

Pero aunque las culpas no son iguales, las consecuencias si que lo son:

Rom 5:14 No obstante, reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun en los que no pecaron á la manera de la rebelión de Adam; el cual es figura del que había de venir.

Fíjese que la muerte, consecuencia de pecado si fue la misma para ambos.

Otro tipo de pecado: el pecado por debilidad o por naturaleza:

  • Romanos 7 nos muestra la raíz profunda: nacemos esclavos de la ley del pecado que está en nuestros miembros.

Romanos 7:14, 17, 20-23 — «Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. […] Así que ya no soy yo el que hace aquello, sino el pecado que mora en mí. […] Porque hallo esta ley en mí, que queriendo yo hacer el bien, el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.»

→ Esta «ley del pecado» en los miembros está presente desde el nacimiento (incluyendo bebés), haciendo que seamos esclavos del pecado por naturaleza. Incluso se puede pecar deseando lo bueno o teniendo voluntad buena, porque la carne interfiere y transgrede la ley.

  1. Los bebés nacen rebeldes, carnales, apartados de Dios, amigos de Satanás, hijos de ira

La ley del pecado está contenida en la ley de Dios:

Éxo 20:4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra:

Éxo 20:5 No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen,

La maldad de los padres es visitada en los hijos. Ya vimos que Ezequiel dice que los hijos no llevarán el pecado (culpa) de los padres. Entonces, esta “Visitación” se refiere a las consecuencias del pecado, a la ley del pecado en los miembros, a la concupiscencia de la carne. Veamos esta explicación:

Es inevitable que los hijos sufran las consecuencias de la maldad de sus padres, pero no son castigados por la culpa de sus padres, a no ser que participen de los pecados de éstos. Sin embargo, generalmente los hijos siguen los pasos de sus padres. Por la herencia y por el ejemplo, los hijos llegan a ser participantes de los pecados de sus progenitores. Las malas inclinaciones, el apetito pervertido, la moralidad depravada, además de las enfermedades y la degeneración física, se transmiten como un legado de padres a hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Esta terrible verdad debiera tener un poder solemne para impedir que los hombres sigan una conducta pecaminosa. PP54 313.6

  • Aunque no «saben» la ley formal, nacen con la ley del pecado en sus miembros (Romanos 7 arriba), esclavos del pecado desde la concepción.

Sal 51:5 He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.

EGW escribió por inspiración que hasta Set nació en pecado:

Set era un personaje respetable, y debía ocupar el lugar de Abel en lo que se refiere a la rectitud. Pero era tan hijo de Adán como el pecador Caín, y no había heredado de la naturaleza de éste más bondad natural de la que aquél había recibido. Nació en pecado, pero por la gracia de Dios, y al aceptar las fieles instrucciones de su padre Adán, honró a Dios pues hizo su voluntad. HR 59.1

Set y todos los hijos de Adán, muestran en menor grado esos actos invisibles que son pecado: egoísmo (querer todo para sí), ira (llanto rabioso por no tener lo que desean), envidia (celos de otro bebé), codicia instintiva, etc. Todo eso transgrede la ley de amar a Dios y al prójimo. Por eso es que todos (judíos y gentiles) nos hemos apartado de Dios:

Rom 3:12 Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno:

Y la biblia es clara al decir q nos apartamos desde el vientre:

Salmo 58:3 — «Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.»

Los bebés no son «angelitos inocentes»; ya transgreden la ley en pensamientos y deseos básicos, aunque sin plena conciencia.

Todos al nacer, hemos nacido vendidos al diablo:

Rom 7:14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido á sujeción del pecado.

Así lo explica EGW:

Los niños que no han experimentado el poder purificador de Jesús son presa legítima del enemigo, y los malos ángeles tienen fácil acceso a ellos. CM 112.4

  1. El error común: Pensar que son inocentes → Permisividad desde recién nacidos

Piensan que los niños son santos porque Jesús dijo que de ellos es el reino de los cielos:

Mar 10:13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñían á los que los presentaban. Mar 10:14 Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios. Mar 10:15 De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Mar 10:16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

Pero no leen que TODOS los niños no vinieron a Jesús. Y él dijo que el reino de los cielos eran de los niños que VINIERON A ÉL. Vinieron traídos por sus padres y otros además por sus propios pies y voluntad. De los TALES es el reino de los cielos. No de todos sino de los tales.

Entonces, el reino de los cielos es de tales niños que son traídos a Jesús por sus padres. Y no solo hay que llevarlos a Jesús (por oración, fe e influencia), sino que debemos impedirles ir por el camino de su propia carne.

Lo que necesitan los bebes y los niños que TODOS han nacido en pecado, con herencia de pecado y de maldad, y que nacieron en la carne NO ES un bautismo infantil, sino ser traídos a Jesús, dedicados a Jesús. No solo en un rito (dedicación), sino cada día en oración y en disciplina del Señor.

  1. La salvación de los bebés y niños depende (en gran medida) de los padres

Mar 10:16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

¿Qué bebés y niños serán salvos? – Los que sean llevados por sus padres a Cristo y consigan que él ponga sus manos sobre ellos y los bendiga.

Los niños que desde la lactancia sean instruidos en el camino de Dios:

Proverbios 22:6 — «Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Los bebés, niños y jóvenes que sean criados en la disciplina del Señor:

Efesios 6:4 — «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.”

Proverbios 22:15 — «La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la hará alejar de él.»

Los bebés e infantes a quienes trasmitamos nuestra fe como herencia:

2Ti 1:5 Trayendo á la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también… 2Ti 3:15 Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús.

Exactamente a sí mismo nos dice el profeta:

Aun el lactante en los brazos de su madre, puede morar bajo la sombra del Todopoderoso por la fe de su madre que ora. Juan el Bautista estuvo lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento. Si queremos vivir en comunión con Dios, nosotros también podemos esperar que el Espíritu divino amoldará a nuestros pequeñuelos, aun desde los primeros momentos. DTG 473.3

Los niñitos pueden ser cristianos y tener una experiencia de acuerdo con sus años. Necesitan ser educados en las cosas espirituales, y los padres deben darles todas las ventajas a fin de que adquieran un carácter semejante al de Cristo. DTG 474.1

Mientras la madre enseña a sus hijos a obedecerle porque la aman, les enseña las primeras lecciones de su vida cristiana. El amor de la madre representa ante el niño el amor de Cristo, y los pequeñuelos que confían y obedecen a su madre están aprendiendo a confiar y obedecer al Salvador. DTG 474.4

Errores cometidos:

Sin embargo, muchos padres permiten que manifiesten egoísmo, ira, rabia sin corrección, porque «no entienden» o «son angelitos». Pero eso permite que actos invisibles (deseos pecaminosos) crezcan sin freno → malcría.

Proverbios 29:15 — «La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.»

Proverbios 13:24 — «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.»

Sin corrección temprana, aprenden a hacer su voluntad → rebelión contra padres → contra Dios → posible perdición.

Los niños que no han experimentado el poder purificador de Jesús son presa legítima del enemigo, y los malos ángeles tienen fácil acceso a ellos. Algunos padres son descuidados, y permiten que sus hijos se críen con muy poca restricción. Pero tienen una gran obra que hacer para corregirlos, prepararlos, llevarlos a Dios y pedir su bendición sobre ellos. Por los esfuerzos fieles e incansables de los padres, y la bendición y gracia concedida a los hijos en respuesta a las oraciones de los padres, será quebrantado el poder de los ángeles malignos, y se derramará sobre los hijos una influencia santificadora. Así serán rechazadas las potestades de las tinieblas. CM 112.4

“Acudid con humildad, con un corazón lleno de ternura, presintiendo las tentaciones y peligros que os acechan a vosotros y a vuestros hijos, y por la fe atad a estos últimos sobre el altar, solicitando para ellos el cuidado del Señor. Los ángeles ministradores guardarán los niños así dedicados a Dios. Es el deber de los padres creyentes levantar así, mañana y tarde, por ferviente oración y fe perseverante, una valla en derredor de sus hijos. Deben instruirlos con paciencia, enseñándoles bondadosa e incansablemente a vivir de tal manera que agraden a Dios”. 1JT, 147-148.

“Si los padres quieren ver un estado de cosas diferente en su familia, que se consagren plenamente a Dios y el Señor proporcionará caminos y medios mediante los cuales pueda ocurrir una transformación en sus hogares”. CN, 158.

Hay una profecía en relación con un reavivamiento y reforma entra padres e hijos:

“He aquí, yo os envío á Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres: no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra”. Malaquías 4:5-6.

  1. Llamado al arrepentimiento y cambio

Padres: Reconozcan que sus pequeños (y ustedes) han transgredido la ley (desagradado a Dios) en actos visibles e invisibles.

Romanos 3:10 — «Como está escrito: No hay justo, ni aun uno.»

Pero hay misericordia: arrepiéntanse de la permisividad, cambien visión de los bebés (no inocentes, sino necesitados de disciplina en Cristo).

Corrijan con amor, enseñen obediencia por fe, críen en la disciplina del Señor.

Oración:

Perdón por malcriar, sabiduría para guiar, salvación de los hijos.

NOTICIAS DE SALUD

CIENTÍFICO ESPAÑOL LOGRA ELIMINAR TUMORES DE CANCER DE PÁNCREAS

Los fármacos actuales contra el cáncer de páncreas pierden efectividad en meses porque el tumor se vuelve resistente. El grupo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) logra evitar estas resistencias en modelos animales con una triple terapia combinada.

Estos resultados “abren una vía al diseño de terapias combinadas que puedan mejorar la supervivencia”, indican los autores, aunque esto no ocurrirá a corto plazo. Los resultados se publican en ‘PNAS’.

Mariano Barbacid, jefe del Grupo de Oncología Experimental del CNIO subraya que “aún no estamos en condiciones de llevar a cabo ensayos clínicos con la triple terapia”.

PRINCIPIOS DE TEMPERANCIA:

LA SOLUCIÓN DIVINA CONTRA EL CÁNCER

La maldición de Dios descansa sobre la creación animal. Muchas veces cuando se come carne, ésta se descompone en el estómago, y produce enfermedad. El cáncer, los tumores y las enfermedades pulmonares son producidos mayormente por el consumo de carne. CRA 458.2

Continuamente sucede que la gente come carne llena de gérmenes de tuberculosis y cáncer. Así se propagan estas enfermedades y otras también graves. CMM 86.1

Por la luz que Dios me ha dado sé que la prevalencia de cáncer y tumores se debe mayormente a un sistema de vida vulgar a base de carne.—(1896) E. from U.T. 7. CRA 463.3

Dislocaciones y deformidades, cáncer y otras terribles enfermedades son el resultado perverso del vestido a la moda. 4TPI 627.3

LA CARNE COMO ALIMENTO

El régimen señalado al hombre al principio no incluía ningún alimento de origen animal. Hasta después del diluvio cuando toda vegetación desapareció de la tierra, no recibió el hombre permiso para comer carne.
Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demostró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseñó la misma lección. Sacó a los israelitas de Egipto, y emprendió la tarea de educarlos para que fueran su pueblo. Por medio de ellos deseaba bendecir y enseñar al mundo. Les suministró el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino el maná, “el pan del cielo.” Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carne de Egipto les fué concedido alimento animal, y esto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Siguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y en privado, de modo que nunca revistió carácter permanente.
Al establecerse en Canaán, se permitió a los israelitas que consumieran alimento animal, pero bajo prudentes restricciones encaminadas a mitigar los malos resultados. El uso de la carne de cerdo quedaba prohibido, como también el de la de otros animales, de ciertas aves y de ciertos peces, declarados inmundos. De los animales declarados comestibles, la grasa y la sangre quedaban absolutamente proscritas.
Sólo podían consumirse las reses sanas. Ningún animal desgarrado, mortecino, o que no hubiera sido cuidadosamente desangrado, podía servir de alimento.
Por haberse apartado del plan señalado por Dios en asunto de alimentación, los israelitas sufrieron graves perjuicios. Desearon comer carne y cosecharon los resultados. No alcanzaron el ideal de carácter que Dios les señalara ni cumplieron los designios divinos. El Señor “les dió lo que pidieron; mas envió flaqueza en sus almas.” Salmos 106:15. Preferían lo terrenal a lo espiritual, y no alcanzaron la sagrada preeminencia a la cual Dios se había propuesto que llegasen. MC 240.1-MC 241.2

Los que comen carne no hacen más que comer cereales y verduras de segunda mano, pues el animal recibe de tales productos el alimento que lo nutre. La vida que estaba en los cereales y en las verduras pasa al organismo del ser que los come. Nosotros a nuestra vez la recibimos al comer la carne del animal. ¡Cuánto mejor sería aprovecharla directamente, comiendo el alimento que Dios dispuso para nuestro uso! . MC 241.3

EL BAUTISMO BÍBLICO

Por el anciano Freddy F. Bastidas

Muchas aguas, una sola verdad, una sola autoridad Divina

“Después de esto vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea; y estuvo allí con ellos, y bautizaba. Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.” (Juan 3:22–23)

El relato del evangelio de Juan nos introduce a una escena profundamente reveladora sobre la práctica del bautismo en los días de Cristo. Jesús llega con sus discípulos a una región donde se bautizaba, y el evangelista añade un detalle que no es casual ni ornamental: “había allí muchas aguas”. Esta expresión, inspirada por el Espíritu Santo, establece con claridad la forma bíblica del bautismo: no por aspersión, sino por inmersión.

La necesidad de “muchas aguas” excluye toda interpretación simbólica que reduzca el bautismo a un simple rito externo. El bautismo bíblico es una sepultura y una resurrección, una entrega completa del ser humano a Dios. Tal como más adelante enseñará el apóstol Pablo, somos “sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo” (Romanos 6:4). La forma no es accidental; está íntimamente ligada a su significado. Demás está decir que es de gran importancia recordar lo que el mismo Cristo declara un poco antes en Juan 3:5, donde vincula el agua y la obra del Espíritu con el nuevo nacimiento.

La discusión sobre la purificación

El mismo pasaje de Juan nos informa que surgió una discusión entre los discípulos de Juan y los judíos “acerca de la purificación” (Juan 3:25). El texto no dice que discutían sobre la forma del bautismo, y esto es significativo. Si ambos grupos bautizaban donde había muchas aguas, es evidente que la forma no era el punto de conflicto. La controversia debía girar en torno a algo más profundo.

La purificación, en el pensamiento judío, no se limitaba al agua, sino que incluía palabras, autoridad y significado espiritual. (Véase Sal. 51:2, 10; Isa. 1:16–18; Eze. 36:25–27) La pregunta implícita era: ¿bajo qué autoridad se administra el bautismo?, ¿qué confesión acompaña el acto?, ¿qué relación tiene con el Mesías prometido?

Juan el Bautista había sido claro: su bautismo preparaba el camino para Otro. Él mismo declaró:

“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí… él os bautizará en Espíritu Santo” (Mateo 3:11).

El bautismo de Juan señalaba hacia Cristo; no lo sustituía.

Jesús y sus discípulos bautizan

El evangelio de Juan añade una aclaración importante que suele pasarse por alto:

“Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos)…” (Juan 4:1–2)

Aquí se establece un principio doctrinal de gran valor: los discípulos bautizaban con la autoridad de Cristo, aun antes de que se registrara formalmente el mandato de Mateo 28. Esto demuestra que el bautismo cristiano no comenzó como una innovación posterior a la resurrección, sino como una práctica ya autorizada por Jesús durante su ministerio terrenal.

Por lo tanto, cuando en Mateo 28:19 Cristo ordena: “Por tanto, id, y haced discípulos… bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, no está introduciendo un rito desconocido, sino confirmando y estableciendo con claridad la autoridad y el alcance universal del bautismo cristiano.

El significado de bautizar “en el nombre”

La expresión “en el nombre” no debe entenderse como una mera fórmula verbal, sino como una declaración de autoridad. Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es bautizar bajo la plena autoridad del Dios del cielo, conforme a su revelación.

Esta verdad queda confirmada por el testimonio apostólico. En Hechos 19, el apóstol Pablo encuentra a ciertos discípulos en Éfeso y les hace una pregunta decisiva:

“¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” (Hechos 19:2)

La respuesta revela el problema: “Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.” Pablo comprende de inmediato que algo falta, y por eso pregunta: “¿En qué, pues, fuisteis bautizados?” Ellos responden: “En el bautismo de Juan.”

Aquí se aclara la diferencia fundamental. El bautismo de Juan señalaba al Mesías venidero; el bautismo cristiano se administra en la autoridad plena del Cristo ya revelado. Por eso Pablo explica que Juan bautizaba “diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” (Hechos 19:4). Al oír esto, fueron bautizados conforme al mandato de Cristo.

Si el bautismo cristiano consistiera únicamente en pronunciar las palabras “en el nombre de Jesús”, la pregunta de Pablo carecería de sentido. El hecho de que estos hombres no hubieran oído del Espíritu Santo demuestra que no habían sido bautizados conforme a la autoridad y enseñanza de Cristo, sino bajo un ministerio preparatorio.

Una sola autoridad, no muchos nombres

El apóstol Pablo refuerza este principio al escribir a los corintios:

“¿Acaso fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:13)

El argumento es claro: nadie puede ser bautizado legítimamente en el nombre de un hombre. El bautismo pertenece a Cristo, y su autoridad no se fragmenta ni se contradice. Bautizar “en su nombre” significa bautizar por su mandato, bajo su señorío y conforme a su enseñanza completa.

Cristo no cambia. El mismo Señor que autorizó a sus discípulos a bautizar durante su ministerio terrenal es quien, después de su resurrección, confirmó ese mandato con palabras claras y universales. No existe un “nuevo orden” contradictorio, sino una continuidad perfecta en la revelación divina.

Respuesta a objeciones comunes

Algunos objetan esta enseñanza apelando a pasajes como Hechos 2:38, donde se dice:

“Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo.”

Sin embargo, esta expresión no contradice el mandato de Mateo 28:19, sino que lo presupone. Bautizar en el nombre de Jesucristo no significa reducir el bautismo a una fórmula verbal, sino reconocer que toda autoridad para bautizar procede de Él. Es precisamente Cristo quien autoriza, dirige y valida el acto.

Este principio se aclara al observar el desarrollo del evangelio de Juan. En el capítulo 3 se afirma que Jesús llegó con sus discípulos a un lugar donde se bautizaba, y el énfasis en que había muchas aguas muestra que el bautismo era por inmersión. Sin embargo, al entrar al capítulo 4, el evangelista añade una aclaración decisiva: “aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos” (Juan 4:2). Esto indica que los discípulos bautizaban por mandato y autoridad de Cristo, de tal manera que era correcto decir que Jesús bautizaba a través de ellos.

Por lo tanto, cuando se afirma que los discípulos bautizaban en el nombre de Jesús, se entiende correctamente que lo hacían bajo su autoridad, no como una fórmula aislada ni como una doctrina distinta. La autoridad que Cristo concedió a sus discípulos durante su ministerio terrenal es la misma autoridad que confirma después de su resurrección. Mateo 28 no introduce un mandato diferente, sino que universaliza lo que ya se practicaba, extendiéndolo ahora a todas las naciones.

No hay, pues, dos bautismos ni dos órdenes contradictorias, sino una sola autoridad, un solo Señor y una sola verdad. El mismo Cristo que envió a sus discípulos a bautizar en Judea es quien los envía al mundo entero. Su autoridad no cambia, y su enseñanza permanece armónica en toda la Escritura.

Conclusión: forma, autoridad y verdad

El testimonio bíblico es armónico y consistente. El bautismo cristiano es por inmersión, administrado donde hay muchas aguas, bajo la autoridad de Cristo, y conforme a la revelación del Padre y del Hijo, obrando en el creyente mediante el Espíritu que procede de Dios. No es un rito vacío ni una fórmula aislada, sino una expresión solemne de fe, arrepentimiento y entrega total.

Así como el nuevo nacimiento no puede ser reducido a palabras, el bautismo no puede ser reducido a una expresión verbal. Es un acto ordenado por Dios, cargado de significado espiritual, y estrechamente unido a la verdad del evangelio.

Que el pueblo de Dios permanezca firme en la enseñanza bíblica, evitando tanto las tradiciones humanas como las interpretaciones parciales. Porque en las muchas aguas del bautismo no hay confusión, sino una sola verdad, una sola fe y un solo Señor.

F. F. B.

El libro de Uriah Smith – Compilación de citas de EGW

La instrucción impartida había sido que los libros Thoughts on Daniel and the Revelation [Impresiones sobre Daniel y Apocalipsis], El conflicto de los siglos y Patriarcas y profetas circularan ampliamente. Contenían precisamente el mensaje que la gente debía recibir, la luz especial que Dios había dado a su pueblo. Los ángeles de Dios prepararían el camino para que estos libros ganaran el corazón de la gente.—Carta 43, 1899. . MPu 228.2

Daniel y Apocalipsis, El Conflicto de los siglos, Patriarcas y profetas y El Deseado de todas las gentes debieran venderse en el mundo ahora. Las magníficas instrucciones contenidas en Daniel y Apocalipsis han sido leídas por muchas personas en Australia. Este libro ha sido el medio de llevar muchas preciosas almas al conocimiento de la verdad. Se debe hacer cuanto se pueda para promover la circulación de Daniel y Apocalipsis. No conozco ningún otro libro que pueda tomar el lugar de éste. Es la mano ayudadora de Dios.—Manuscrito 76, 1901. MPu 395.2

Las profecías de Daniel y Apocalipsis en especial debería ser presentado al público como el libro por antonomasia para nuestro tiempo. Este libro contiene el mensaje que todos precisan leer y entender. Traducido a muchos idiomas diferentes, será un poder para iluminar el mundo. Este libro se ha vendido muy bien en Australia y Nueva Zelanda. Leyéndolo, muchas almas han llegado a un conocimiento de la verdad. He recibido muchas cartas expresando aprecio por ese libro.


Que nuestros colportores llamen la atención de todos sobre ese libro. El Señor me ha mostrado que ese libro hará una buena obra en la iluminación de los que se interesen por la verdad para nuestro tiempo. Los que acepten la verdad ahora, sin haber compartido las experiencias de los que entraron en la obra al comienzo de la historia de la proclamación del mensaje, deberían estudiar lo que enseña Las profecías de Daniel y Apocalipsis familiarizándose con la verdad que presenta.
Los que se preparan para incorporarse al cuerpo pastoral, que deseen convertirse en buenos estudiosos de las profecías, encontrarán en Las profecías de Daniel y Apocalipsis una ayuda inestimable. Es preciso que conozcan este libro. Habla del pasado, el presente y el futuro, presentando la senda con tal claridad que no es preciso que nadie yerre en la misma. Quienes estudien ese libro diligentemente no tendrán deleite alguno en las trivialidades presentadas por los que tienen un ardiente deseo por sacar algo nuevo y extraño que presentar a la grey de Dios. El reproche de Dios recae sobre todos los maestros de ese tipo. Precisan que alguien les enseñe qué significan la piedad y la bondad. Las cuestiones esenciales y relevantes que Dios querría que se presentaran al pueblo se encuentran en el libro Las profecías de Daniel y Apocalipsis. Ahí está la verdad firme y eterna para este tiempo. Todos necesitan la luz y la información que contiene. MI1 64.2-MI1 64.4

Dios desea que la luz que se encuentra en el libro Las profecías de Daniel y Apocalipsis sea presentada de forma clara. Es doloroso pensar en las muchas teorías carentes de valor, que son recopiladas y presentadas al público por maestros ignorantes, poco preparados. Los que presentan sus criterios humanos y las ideas insensatas que ellos han urdido en su cerebro, muestran el carácter de los tesoros de su cofre. Han atesorado material de pésima calidad. Su mayor deseo es causar sensación.
La verdad para nuestro tiempo se ha publicado en muchos libros. Que esos que andan exponiendo ideas carentes de valor y sin ningún criterio dejen ya de una vez de hacerlo y que se pongan a estudiar Las profecías de Daniel y Apocalipsis. Entonces sí tendrán buenas ideas de las que hablar. Al recibir el conocimiento contenido en este libro, irán acumulando en el cofre de su cerebro un tesoro del que podrán ir sacando joyas continuamente cuando comuniquen a otros las grandes verdades esenciales de la Palabra de Dios.
El interés sobre el libro de Daniel y sobre el Apocalipsis ha de seguir mientras dure el tiempo de gracia. Dios usó al autor de [Las profecías de Daniel y Apocalipsis] como canal a través del cual comunicar luz para dirigir las mentes a la verdad. ¿Vamos a despreciar esa luz, que nos señala hacia la venida de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Rey?


Jóvenes, salgan a colportar con Las profecías de Daniel y Apocalipsis. Hagan cuanto puedan por vender ese libro. Acometan la tarea con tanta seriedad como si fuera un libro nuevo. Y recuerden que, cuando colporten con él, es necesario que se hayan familiarizado con las verdades que contiene. Cuando reflexionen sobre estas verdades, recibirán ideas que les permitirán no solo recibir luz, sino dejar que brille la luz sobre otros con nítidos y brillantes rayos.
Ha llegado ya el momento de la revelación de la gracia de Dios. Ahora ha de proclamarse el evangelio de Jesucristo. Satanás procurará desviar la mente de los que deberían estar establecidos, fortalecidos y asentados en las verdades de los mensajes del primer ángel, del segundo y del tercero. Los alumnos de nuestras escuelas deberían estudiar cuidadosamente Las profecías de Daniel y Apocalipsis para que no permanezcan en tinieblas y el día de Cristo los sorprenda como ladrón en la noche. Hablo de este libro porque es un medio de formar a los que precisan conocer la verdad de la Palabra. Ese libro debería ser apreciadísimo. Abarca gran parte del terreno que hemos recorrido en nuestra experiencia. Si los jóvenes estudian este libro y aprenden por sí mismos qué es verdad, se salvarán de muchos peligros.. MI1 65.4-MI1 66.5

Muchos que trabajan como ministros del evangelio necesitan estudiar la Palabra. «Apocalipsis» significa «algo revelado», que todos han de conocer. Profundicen para llegar a la verdad. Oren al Señor para entender su Palabra. Quienes se dan cuenta de su propia necesidad de la ayuda especial de Dios, pedirán a Aquel que es la Fuente de toda sabiduría que supla sus necesidades. Pídanle que ilumine su entendimiento, para que puedan saber cómo ofrecer la luz a los demás. Concéntrense en ello. No queden nunca satisfechos con un conocimiento parcial de la verdad, basado en algunas poco fundamentadas suposiciones. «Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. […] Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus ruinas. Cambiará su desierto en un edén y su tierra estéril en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanzas y cánticos» (Isa. 51: 1, 3).— Ms 174, 1899, pp. 1-8 («Thoughts on Daniel and the Revelation» [Reflexiones sobre Daniel y el Apocalipsis], 3 de marzo de 1901). MI1 67.4

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