INTRODUCCIÓN Y BOSQUEJO

  1. Son pecado.
  2. Son pecado porque son bebidas estimulantes, dañan el sistema nervioso.
  3. Causan enfermedad y adicción.
  4. Pedir perdón por acariciar este pecado.
  5. Pedir arrepentimiento y liberación de este pecado.
  6. Pedir la justicia de Cristo para poder mantenernos libres de este pecado y vencerlo. Hacer un voto de temperancia.
  7. Gozarnos en la liberación.

(1) SON PECADO.

El beber té y café es un pecado, una complacencia dañina, que, a semejanza de otros males, perjudica el alma. Estos ídolos acariciados crean una excitación, una acción mórbida del sistema nervioso; y después que la influencia momentánea de los estimulantes pasa, se produce una depresión que es tan profunda como elevado fue el estímulo producido.—Carta 44, 1896. CRA 511.1

https://m.egwwritings.org/es/book/1697.3742

Todos deben presentar un claro testimonio contra el té y el café, al no usarlo jamás. Son sustancias narcóticas, perjudiciales tanto para el cerebro como para los otros órganos del cuerpo… CRA 517.2

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Dios ha escrito su ley en todo nervio y músculo, en toda fibra y función del cuerpo humano. La complacencia del apetito antinatural, ya sea por el té, el café, el tabaco o el alcohol, es intemperancia, y se halla en guerra contra las leyes de la vida y la salud. Usando estos artículos prohibidos, se crea una condición en el organismo, que el Creador nunca se propuso que hubiera. Esta complacencia en cualquiera de los miembros de la familia humana es pecado Ev 196.5

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(2) SON ESTIMULANTES

El régimen alimentario y las bebidas estimulantes de nuestros días no llevan al mejor estado de salud. El té, el café y el tabaco, son todos estimulantes y contienen venenos. No sólo no son necesarios, sino dañinos, y debieran ser descartados si queremos añadir a la ciencia, templanza.—The Review and Herald, 21 de febrero de 1888. Te 67.1

https://m.egwwritings.org/es/book/1766.409

El té y el café no nutren el organismo. Alivian repentinamente, antes que el estómago haya tenido tiempo de digerirlos. Esto demuestra que aquello que los consumidores de estos estimulantes llaman fuerza proviene de la excitación de los nervios del estómago, que transmiten la irritación al cerebro, y éste a su vez es impelido a aumentar la actividad del corazón y a infundir una energía de corta duración a todo el organismo. Todo esto es fuerza falsa, cuyos resultados ulteriores dejan en peor condición, pues no imparten ni una sola partícula de fuerza natural.—Joyas de los Testimonios 1:196. . Te 67.2

(3) CAUSAN ENFERMEDAD

El consumo de té y café perjudica también el organismo. Hasta cierto punto, el té intoxica. Penetra en la circulación y reduce gradualmente la energía del cuerpo y de la mente. Estimula, excita, aviva y apresura el movimiento de la maquinaria viviente, imponiéndole una actividad antinatural, y da al que lo bebe la impresión de que le ha hecho un gran servicio infundiéndole fuerza. Esto es un error.
El té sustrae energía nerviosa y debilita muchísimo. Cuando desapareció su influencia y cesa la actividad estimulada por su uso, ¿cuál es el resultado? Una languidez y debilidad que corresponden a la vivacidad artificial que impartiera el té.
Cuando el organismo está ya recargado y necesita reposo, el consumo de té acicatea la naturaleza, la estimula a cumplir una acción antinatural y por lo tanto disminuye su poder para hacer su trabajo y su capacidad de resistencia; y las facultades se agotan antes de lo que el Cielo quería. El té es venenoso para el organismo. Los cristianos deben abandonarlo.

La influencia del café es hasta cierto punto la misma que la del té, pero su efecto sobre el organismo es aún peor. Es excitante, y en la medida en que lo eleve a uno por encima de lo normal, lo dejará finalmente agotado y postrado por debajo de lo normal. A los que beben té y café, los denuncia su rostro. Su piel pierde el color y parece sin vida. No se advierte en el rostro el resplandor de la salud.
El té y el café no nutren el organismo. Alivian repentinamente, antes que el estómago haya tenido tiempo de digerirlos. Esto demuestra que aquello que los consumidores de estos estimulantes llaman fuerza proviene de la excitación de los nervios del estómago, que transmiten la irritación al cerebro, y éste a su vez es impelido a aumentar la actividad del corazón y a infundir una energía de corta duración a todo el organismo. Todo esto es fuerza falsa, cuyos resultados ulteriores dejan en peor condición, pues no imparten ni una sola partícula de fuerza natural.

El segundo efecto de beber té es dolor de cabeza, insomnio, palpitaciones del corazón, indigestión, temblor nervioso y muchos otros males.—Joyas de los Testimonios 1:195, 196. . Te 68.1-Te 68.3

Por el uso de los estimulantes sufre todo el organismo. Los nervios se desequilibran, el hígado funciona mal, la calidad de la sangre y su circulación son afectadas, y la piel se vuelve inactiva y pálida. La mente también es perjudicada. La influencia inmediata de estos estimulantes es excitar el cerebro a una actividad indebida, sólo para dejarlo más débil y menos apto para el esfuerzo. El efecto ulterior es la postración, no sólo mental y física, sino moral. Como resultado, vemos a hombres y mujeres nerviosos, de juicio defectuoso y de mente desequilibrada. A menudo manifiestan un espíritu precipitado, impaciente y acusador, que mira las faltas de los demás como a través de un lente de aumento, pero completamente incapaz de discernir sus propios defectos.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 35, 36. Te 70.2

CAUSAN ADICCIÓN

Por el uso del té y del café, se crea el apetito por el tabaco, y éste fomenta el apetito por los licores.—Testimonies for the Church 3:563. . Te 71.6

(4) PARA LIBERARNOS DE ESTAS ADICCIONES DEBEMOS PEDIR PERDÓN POR ACARICIAR ESTOS ELEMENTOS

1Jn 1:9-10: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad. Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.»

(5) TAMBIÉN PEDIR ARREPENTIMIENTO Y LIBERACIÓN.

Hch 5:31: «A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados.»

(6) DEBEMOS PEDIR LA JUSTICIA DE CRISTO PARA SER LIBERADOS DE ESOS HÁBITOS Y ADQUIRIR LOS HÁBITOS DE CRISTO.

Mt 5:6: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.»

Jesús soportó el doloroso ayuno en nuestro lugar, y venció a Satanás en cada tentación, haciendo posible que el hombre pueda vencer en su propio nombre, por su propia cuenta, mediante la fuerza que se le da por esta victoria tan poderosa ganada como sustituto y fiador del hombre. Le damos gracias al Señor porque se logró una victoria en estos puntos, incluso aquí en Basilea; y esperamos llevar a nuestros hermanos y hermanas a un nivel aún más alto para que firmen el voto de abstenerse del café de Java y de la hierba que viene de China. Vemos que hay algunos que necesitan dar este paso en la reforma. Hay algunos que son nerviosos, y deberían abstenerse de estos narcóticos debilitantes de los nervios, para que puedan colocarse en la correcta relación con las leyes de la vida y la salud. Estos estimulantes perjudiciales están causando un gran daño a su sistema nervioso. La maquinaria de la naturaleza se pone en una actividad inusitada que será seguida por una reacción, y el café y el té deben ser usados por ellos para mantener su fuerza y nuevamente estimular sus poderes. La actividad antinatural es el resultado, y mediante este continuo curso de indulgencia del apetito, el vigor natural de la constitución se va deteriorando gradualmente e imperceptiblemente. Si deseamos preservar una acción saludable de todos los poderes del sistema, la naturaleza no debe ser forzada a una acción antinatural. La naturaleza se mantendrá en su puesto de deber, y hará su trabajo con sabiduría y eficiencia, si los falsos soportes que se han introducido para reemplazar la naturaleza son expulsados.
El té es un estimulante. Aumenta una excitación más allá de su acción natural, y todo el poder mental se agita de manera indebida, después de lo cual viene el correspondiente cansancio y debilidad. Hay un temblor nervioso que se interpreta como una necesidad de más vigor. O, de nuevo, se recurre al café o al té con el propósito de recuperar las energías, y así la fuerza artificial en lugar de la natural engaña al bebedor de té a pensar que la fuerza proviene de la encantadora taza de té, cuando en realidad es solo la energía agotada estimulada a una acción antinatural, desgastando imperceptiblemente las fuerzas vitales. Así, han estimulado los nervios del cerebro a un trabajo antinatural.
El café es una indulgencia perjudicial. Excita temporalmente la mente a una acción inusitada, y el efecto es postración, tristeza, agotamiento de las fuerzas mentales, morales y físicas. La mente se vuelve enervada, y a menos que mediante un esfuerzo decidido se supere el hábito, la actividad del cerebro se ve muy reducida. Todos estos irritantes de los nervios están desgastando las fuerzas vitales, y la inquietud causada por los nervios destrozados, la impaciencia, la debilidad mental, se convierte en un elemento en contra del progreso espiritual. Entonces, ¿no deben aquellos que abogan por la templanza y la reforma estar alertas con respecto a estas cosas perjudiciales? ¿Y no debe este papel de voto incluir el café y el té, como estimulantes dañinos? En algunos casos, romper con este hábito del té y el café es tan difícil como para el borracho dejar el uso del licor. El dinero usado para el té o el café como bebida común está peor que desperdiciado. Le hace daño al usuario, sea hombre o mujer, y ese daño es continuo. ¿Deben los cristianos someter este apetito al control de la razón, o seguirán con esta práctica porque se sienten tan abatidos sin él, como el borracho sin su estimulante?
Pero Jesús venció en el punto del apetito, y nosotros también podemos hacerlo. Sigamos avanzando, entonces, paso a paso, progresando en la reforma hasta que todos nuestros hábitos estén de acuerdo con las leyes de la vida y la salud. El Redentor del mundo, en el desierto de la tentación, libró la batalla en el punto del apetito en nuestro lugar. Como nuestro fiador, él venció, haciendo posible que el hombre venza en su nombre. «Al que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono». RH 19 de abril de 1887, párr. 12 – RH 19 de abril de 1887, párr. 15.

(7) DEBEMOS HACER VOTO DE ABANDONAR ESTAS BEBIDAS.

Los que abogan por la reforma en la temperancia, ¿no se despertarán también en cuanto a estas cosas perjudiciales? ¿No debiera abarcar el voto también el café y el té como estimulantes dañinos?—Counsels on Health, 442. Te 72.5

VIDEO EXPLICATIVO

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