El tema que queremos estudiar hoy es un tema profético y de actualidad. Es una mirada un poco profética de los acontecimientos que están sucediendo alrededor nuestro, que se han convertido en virales y noticia mundial. No pretende —este es un disclaimer, ¿no?— no pretende ser esto que vamos a estudiar la última palabra, no pretende ser algo infalible, inspirado, sino brevemente un análisis y un estudio de cómo podemos ver la perspectiva de los acontecimientos.

Tiene que ver justamente, como lo hemos titulado, bueno, que aquí tenemos varios títulos: Babilonia y Roma, un tipo de Estados Unidos en el tiempo final. Y con qué lo relacionamos, bueno, con la noticia reciente que hemos escuchado de que Estados Unidos, después de un largo bloqueo y sitio a Venezuela —más o menos cuatro meses—, se llevó a quien ostentaba la presidencia, Nicolás Maduro, presidencia de Venezuela. Y durante esos cuatro meses el bloqueo impidió la navegación en el mar, impidió el comercio, impidió también lo que ellos llamaban el narcotráfico. Y después de haberse llevado al presidente, han impuesto unos cambios que, aunque no han sido evidentemente reconocidos por los que ahora están gobernando, se evidencia que están alineándose con los intereses de Estados Unidos. Y por supuesto, esto ha levantado, digamos, mucho revuelo, discusión entre todas las partes del mundo, ¿no? Presidentes, religiones, etcétera. Y básicamente hay dos posiciones: unas que están a favor de esto, otras que están en contra. Pero nosotros no queremos hablar de política ni de economía; queremos hablar de la perspectiva que nos puede dar la Escritura, ¿no?

¿Por qué? Bueno, porque uno de los actores de esta situación es Estados Unidos, que desde la perspectiva de nosotros como adventistas, Estados Unidos está en la profecía. Entonces, esta acción puede tener que ver con la profecía bíblica y queremos analizar desde ese punto de vista este tema, ¿no? Entonces, para que sea, para poder hacer un estudio profético o un análisis profético —no político, ni económico, ni social— tenemos que irnos a lo que dice la Escritura, ¿sí? Y tomando en cuenta, o basándonos en este estudio, en este análisis, en dos principios fundamentales, dos principios proféticos.

El primer principio está —ustedes lo conocen— para ahorrarnos tiempo no nos vamos a detener en este versículo, pero ustedes conocen el versículo que dice en Eclesiastés: ¿Qué es lo que ha sido o qué es lo que será? Lo que ha sido, ¿no? Y nada nuevo hay bajo el sol. ¿Qué es lo que es que no haya sido? Y no hay nada nuevo bajo el sol. O sea, con eso Salomón nos dice que la historia se repite. Y este punto, ese versículo y ese pensamiento y ese principio es clave. ¿Por qué? Porque entonces lo que está sucediendo podría ser una repetición de lo que pasó en la Biblia. Número uno, ese es un principio.

Y el segundo ya lo mencioné. El segundo es cuando dijimos que Estados Unidos está en la profecía. Sí, específicamente encontramos a Estados Unidos —sí, lo vamos a buscar— en el libro de Apocalipsis, capítulo 13, versículo 11. Allí dice: el Señor, a través del profeta, en la visión, después vi otra bestia que subía de la tierra y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Entonces, aquí tenemos compacta una gran verdad.

Primero, esa otra bestia es Estados Unidos. Se menciona después de la primera bestia que sube del mar, que entendemos que es Europa y que esa bestia es el papado dominando a las naciones europeas, que sucedió desde el principio de la Edad Media hasta cuando vino la Revolución Francesa. Después viene la profecía de la otra bestia que sube de la tierra, que sería América, es decir, el continente americano con relación a Europa, poco poblado —por eso es tierra y no tanta agua. Y otro elemento: dice que tiene dos cuernos de un cordero. El cordero: Jesucristo. Los dos cuernos significan los dos principios del gobierno estadounidense, que sería republicanismo y protestantismo en su fundación. Estamos hablando de cuando Estados Unidos fue fundado con esos dos principios.

Pero el mismo versículo, el mismo versículo, antes de hablar mucho más, nos dice que esta bestia va a ocurrir un cambio. O sea, comienza como cordero, pero termina hablando como ¿qué? Como dragón. Entonces, esta parte hace referencia a otra cosa, a otra misma profecía de aquí mismo. ¿Dónde se menciona el dragón? En Apocalipsis, en el capítulo 12, ¿sí o no? Y en el capítulo 12, el dragón de qué es realidad. Fíjense lo que les voy a preguntar: el dragón de qué es realidad y de qué es símbolo. En el capítulo 12, el dragón, en el versículo 9 del capítulo 12, dice que es la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás. Entonces, el dragón, ¿quién es? Satanás. Pero en el mismo capítulo dice que ese dragón estaba allí al acecho cuando la mujer estaba embarazada, para comerse al bebé, por devorar al niño, que el niño fue arrebatado y que no se le permitió. En ese contexto, el dragón, ¿qué es? Roma, el Imperio Romano, Roma en su etapa de imperio.

Quiere decir, entonces, que cuando aquí el versículo dice que comienza como cordero, como una nación cristiana con principios cristianos, pero termina hablando como dragón, sutilmente nos está diciendo el Señor a través del profeta que Estados Unidos se convertiría en la nueva Roma imperial, porque hablaría como habló el dragón, el Imperio Romano. Eso es lo que nos está diciendo. Y allí entendemos un punto, un principio, como estamos diciendo, profético, que es que Estados Unidos, entonces, en este contexto, sería la nueva Roma, la nueva Roma imperial.

Pero también sabemos nosotros —y este versículo se me olvidó colocarlo aquí, por eso lo voy a buscar rápidamente aquí en la Biblia— que los apóstoles, si no, aquí, en los apóstoles hablaban en clave. Sí, ya lo conseguí. Los apóstoles hablaban en clave, sobre todo los apóstoles cuando estaban perseguidos bajo el Imperio Romano, el que estamos mencionando. ¿Qué otro nombre le decían los apóstoles a Roma, a la Roma imperial? A la Roma imperial, por ejemplo, la pista: el apóstol Pedro, ¿con qué otro nombre se refería a Roma? ¿Alguien sabe?

Vamos a buscar el versículo para no hacerlo más largo. Primera de Pedro, primera carta del apóstol Pedro, capítulo 5 y versículo 13. Primera de Pedro, capítulo 5, versículo 13. ¿Qué dice el versículo? El apóstol Pedro a la iglesia le dice —la iglesia, él escribe, ¿no?— y dice: «La iglesia que está en dónde, en Babilonia, juntamente elegida con vosotros, os saluda, y Marcos, mi hijo.» ¿Por qué dice Pedro «la iglesia que está en Babilonia» si Babilonia estaba, la literal estaba bien lejos y no hay constancia de que Pedro haya estado predicando allá? Porque es otra forma de referirse a quién: al Imperio Romano como Babilonia.

Entonces, con eso tenemos el cuadro completo. Sí, Estados Unidos es la nueva Roma y Pedro también dice que Roma es como decir Babilonia, entonces podemos concluir que también Estados Unidos es la nueva Babilonia imperial.

¿Y por qué queremos llegar hasta este punto? Justamente porque lo que nos vamos a encontrar es que hay un capítulo en la Biblia —bueno, hay varios capítulos en verdad, pero en especial un capítulo que ilustra mucho lo que acaba de acontecer, lo que acaba de hacer el presidente de los Estados Unidos en Venezuela. Y eso se encuentra en el libro de Segunda de Reyes, justamente hablando de lo que hizo el Imperio Babilónico en el Medio Oriente, específicamente en Jerusalén.

En Segunda de Reyes, capítulo 24, vamos a encontrar esta historia. Esto es historia, pero a su vez, como la historia se repite y como a la vez los elementos aquí en esta historia son tipológicos, no tenemos duda de que en un sentido nos están apuntando a lo que está sucediendo actualmente. Fíjense, dice el versículo 1: «En su tiempo subió Nabucodonosor, rey de Babilonia, al cual sirvió Joacim tres años; volvió luego y se rebeló contra él.» Esta historia la conocemos también por otro, por el libro de Daniel, que dice que el rey de Babilonia fue a Jerusalén, que tomó preso al rey y también se llevó a Daniel y a otros más.

Luego dice, versículo 2: «Jehová envió contra él, contra Joacim, contra el rey de Judá, tropas de caldeos, de sirios, de moabitas, de amonitas, conforme a su palabra que había hablado por sus siervos los profetas.» El versículo 3 dice la causa, ¿no? Pero vamos a saltar hasta el versículo 6. Después que Joacim muere: «Durmió Joacim con sus padres y reinó en su lugar Joaquín, su hijo.» Y dice el versículo 10 que en el tiempo de Joaquín subieron los siervos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, contra Jerusalén, y la ciudad fue cercada. Fíjense que esto es la, ¿cómo se diría?, la práctica o la metodología común que hacían…

Segunda de Reyes, capítulo 24, el versículo 10. Y estamos leyendo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino contra Jerusalén y ¿qué hizo? La cercó. ¿Y qué estamos diciendo? Bueno, que esa es la metodología que usaba Babilonia: sitiar, cercar, bloquear la nación en lugar de ir directamente a entrar y hacer una guerra. Les bloqueaban su salida y su entrada, les impedían el comercio, les impedían la entrada de comida, la salida de mercancía, hasta que finalmente la gente se rendía. Era una forma de estrategia para que hubiese, para minimizar la cantidad de muertos de bando y bando. Y se acordarán —porque también es algo que lo hemos estudiado mucho— que eso no fue lo mismo que hizo Roma contra Jerusalén, que Jesús profetizó: «Cuando vean a Jerusalén rodeada de ¿qué? De ejércitos, sepan que su destrucción ha llegado.» Entonces, lo hizo Babilonia contra Judá, lo hizo luego el Imperio Romano como Babilonia en su tiempo, y justamente es la metodología que está empleando la nueva Roma, la nueva Babilonia, en este caso que hemos hablado, contra Venezuela.

Y bueno, el resto del capítulo justamente lo que nos habla es de que finalmente luego entran, se llevan al rey, se llevan a parte de la nobleza, los transportan a Babilonia y Nabucodonosor deja otro rey a cargo de Jerusalén, pero que tenía que rendirle a él cuentas, o sea, era como un vasallo, no sé cómo decir, sería como un rey que era del mismo linaje real de los judíos, pero que fuese fiel a los intereses de Babilonia. Sí, subyugó, ¿no? Subyugó un rey. Eso es lo que ustedes van a encontrar aquí en el resto del capítulo 24 y el capítulo 25. Digamos que inclusive estos son los últimos eventos históricos antes de la destrucción de Jerusalén. Porque acuérdense, si no lo sabían, antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 hubo una en la época de Nabucodonosor, y justamente fue hecha por Babilonia.

Bien, entendiendo este asunto y viendo el paralelismo con Babilonia, con Roma, podemos ver entonces cómo se asemeja esto con la actualidad. ¿Y qué es lo que queremos analizar? Bueno, como ya decíamos, no el punto de vista político, sino el punto de vista espiritual. ¿Por qué? Porque hay otro principio que no hemos mencionado, pero que lo vamos a mencionar ahora. Y es el principio que aparece en Daniel, en el libro de Daniel, el capítulo 4, que justamente se lo dan, es una enseñanza que le dan a Nabucodonosor mucho después, pero que es un principio y que es un principio para toda la historia. ¿Y cuál es el principio?

Bueno, aquí está. Vamos a leer el capítulo 4 del libro de Daniel. Sabemos todos el contexto: fue un sueño que tuvo Nabucodonosor de un árbol, etcétera, ¿no? Entonces, cuando llaman a Daniel y Daniel le escucha el sueño, le da la explicación al rey y en el versículo 17 se da el principio. Daniel 4:17: «La sentencia es por decreto de los vigilantes y por dicho de los santos la demanda, para que conozcan los vivientes que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres y que a quien él quiere lo da y constituye sobre él al más bajo de los hombres.» Estamos leyendo el versículo 17 del capítulo 4 de Daniel.

Entonces, ¿qué está diciendo este principio? Bueno, primero, que el Altísimo, que es el Dios todopoderoso, realmente es el Señor de todos los reinos de la tierra y que él lo da a quien él quiere. Que lo da a quien él quiere. ¿Y por qué se lo dice aquí a Nabucodonosor? Bueno, porque antes le ha dicho: «Yo te di el reino con un propósito.»

Fíjense, esto está mejor explicado —bueno, no mejor explicado— está otra vez también repetido este principio en el libro de Jeremías, capítulo 27. Para los que quizás no tengamos tanta familiaridad de lo que leímos de Nabucodonosor en Reyes y Daniel, evidentemente está hablando de Nabucodonosor, pero Daniel no era el único profeta de Dios en el tiempo de Nabucodonosor. Además de Daniel estaba Ezequiel, que fue contemporáneo con Daniel, y Jeremías, que también era contemporáneo con Daniel. O sea, que lo que vamos a leer no es de otro tiempo, es del mismo contexto.

Jeremías, capítulo 27, versículos 4 y versículo… no, bueno, ah, del 4 hasta el 8. Jeremías 27, del 4 hasta el 8. Este es un mensaje que Dios le dice a Jeremías que debía llevar y dice: «Les mandarás que digan a sus señores…» El contexto es que había una reunión en Jerusalén con el rey de Judá de otras naciones. Estaban reunidos buscando la forma de rebelarse contra Nabucodonosor. Porque claro, no lo mencioné, ahora lo vamos a mencionar como detalle, pero lo que hizo Nabucodonosor con Jerusalén también lo hizo con las naciones alrededor: con Siria, con Edón, con Moab, con Amón. Hizo lo mismo, la misma metodología. Los cercaba, llevaba a su rey, le ponía un rey de ellos mismos pero que fuese fiel a sus intereses y sacaba, les ponía impuestos, sacaba ganancia de sus riquezas. Exactamente. Lo hizo lo mismo con todos.

Entonces, todas estas naciones estaban ahí reunidas buscando la forma: «Vamos a hacer una alianza para oponernos a Nabucodonosor.» Evidentemente que la motivación de estas naciones no era religiosa, era política. Pero Dios le manda un mensaje a través del profeta Jeremías, que es el que vamos a leer ahora sí, versículo 4: «Les mandarás que digan a sus señores: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, así habéis de decir a vuestros señores.» Versículo 5: «Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra con mi grande potencia y con mi brazo extendido, y la di a quien quise. A quien quise.» Mi versión dice: «A quien me plugo.»

Versículo 6: «Y ahora…» O sea, el versículo 5 dice, está haciendo Dios un memorial de la creación. «Yo hice la tierra, el hombre, yo hice todo.» Está nos está llevando a Génesis 1 y Génesis 2. Y luego dice el versículo 6: «Y ahora yo he dado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan.» O sea, que en el versículo 6 dice: «Mira, ahora yo se la doy.» Porque está diciendo el Señor: «Mira, yo soy el dueño de la tierra.» Como dice un versículo, ¿no?: «De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan.» Aquí está recordando eso. «Yo lo hice todo y ahora he decidido dársela a Nabucodonosor, rey de Babilonia.»

En el tiempo de Jeremías. Pero en el tiempo de los apóstoles, Dios había decidido dárselo a quién en la tierra y las naciones. ¿A quién se la decidió dar Dios? A Roma. Roma era el imperio. ¿Se acuerdan cuando Jesús fue llevado preso? ¿Quién fue el poder político que lo entrevistó a Cristo? Roma. Pero, ¿quién? Específicamente, ¿quién? Nombre. Pilato. Pilato. Y Pilato le dijo: «¿No ves quién soy yo? ¿Por qué no me respondes?» Y ¿qué le dijo Jesús? Pero Jesús le dijo algo así: «Ningún poder tuvieras sobre mí si no te hubiese sido dado desde arriba.» Él reconoció que él estaba allí porque se le había dado un poder de arriba, o sea, porque Dios le dio el poder a Pilato y, por supuesto, también se lo dio a César, a Roma.

De hecho, el mismo Jesús, ¿no había dicho?: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.» Y también Pablo en Romanos 13, ¿no dijo?: «Someteos, pues, a las potestades establecidas porque son de Dios.» Entonces, es el mismo principio que está en el Antiguo, en el Nuevo Testamento. Y eso no depende de la santidad del rey. No, Dios se lo dio a Nabucodonosor porque Nabucodonosor era santo, perfecto y justo. No, no, porque sabemos quién era Nabucodonosor, sabemos quién era César y sabemos quiénes son los reyes que gobiernan este mundo hoy día.

Sin embargo, dice aquí, volvemos a Jeremías, que en el versículo 6: «Yo le he dado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan.» Versículo 7, que esta parte, este versículo es el más duro. No importa si hablamos del tiempo de Daniel, de Jesucristo o actual. Miren lo que dice el versículo 7: «Y toda la gente le servirán a él.» Nabucodonosor y a su hijo Evil-merodac y al hijo de su hijo Belsasar, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra; le servirán muchas gentes y reyes grandes.

O sea, Dios está diciendo: «Mira, se lo entrego a él, a su hijo y a su nieto.» Y sabemos cómo era Nabucodonosor, no sabemos mucho de Evil-merodac, pero sí sabemos bastante de Belsasar, ¿verdad? Y sin embargo, Dios dice que se le ha entregado esas tierras. Y el versículo 8: «Y será que la gente y el reino que no sirviere a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del yugo del rey de Babilonia, con espada y con hambre y con pestilencia visitaré a la tal gente, dice Jehová.»

Y no hace falta más que ver lo que pasó con los reyes que vinieron después de Joacim. Hubo algunos que se rebelaron y también los llevaron presos. De hecho, el siguiente rey que fue Joaquín, lo llevaron preso. Él fue también puesto allí por Nabucodonosor y después se rebeló justamente en esta alianza, y vino Nabucodonosor en una segunda ola de ataque y se lo llevó, y dice la Biblia que le sacaron los ojos. En esa segunda ola fue cuando se llevaron a Ezequiel a Babilonia. En la primera se llevaron a Daniel, en la segunda se llevaron a Ezequiel.

Y esto es lo que vemos, lo que vemos hoy día. Exactamente. Es lo que vemos hoy día. Porque si nosotros vamos a Apocalipsis, ya saltando, vamos a Apocalipsis directamente, ¿qué nos dice Apocalipsis capítulo 13? Justamente nos dice en el versículo 12 —leímos el 11—, el 12 dice: «Y ejerce todo el poder de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya llaga de muerte fue sanada.» ¿Qué está diciendo aquí? Que Dios ha permitido que tenga todo ese poder y todo el poder de ¿qué? De la primera bestia. ¿Cuál es la primera bestia? Roma. Ajá, que es Roma. ¿Cuál fue el poder que tuvo Roma? O sea, Roma papal, me refiero. La primera bestia es Roma papal. Esa primera bestia, Roma papal, ¿cuál fue el poder que tuvo? ¿Y a qué se refiere con todo? No solamente poder religioso, ¿verdad? Sobre todo los reyes de Europa.

Y aquí está diciendo que ahora Estados Unidos ejercería todo el poder de esa primera bestia.

¿Y por qué se permitió? ¿Por qué Dios permitió eso en el caso de Nabucodonosor? ¿Por qué? Porque Dios lo permitió. Bueno, antes de eso se me olvidó mencionarles, aunque ya ustedes lo saben, Nabucodonosor no era santo, hizo una estatua de oro, hizo un horno de fuego y se enorgulleció. Belsasar menospreció los vasos del templo. Así que no fueron escogidos ni se les dio eso porque eran santos, ni significaba que todo lo que ellos hicieran era inspirado por Dios. Y ellos fueron castigados. Nabucodonosor fue castigado por su pecado también, cuando se excedió, y Belsasar también. Acordémonos de la mano en la pared que escribió: «Mene, Mene, Tekel, Ufarsin.» Llegó el castigo de Babilonia.

Pero quizás lo vamos a ver mejor. Bueno, no es que lo vamos a ver mejor. Preguntábamos, nos preguntábamos: ¿Por qué Dios permitió esto? ¿Por qué Dios permitió que Nabucodonosor castigara a Jerusalén? ¿Por qué permitió que Roma castigara también a los judíos? ¿Y por qué va a permitir que la otra bestia de cordero que habla como dragón ejerza todo el poder que tenía en la Edad Media el papado? ¿Por qué? ¿Cuál es la causa de todo esto? Bueno, en buscar la causa, indudablemente tenemos que irnos a donde comenzamos, que fue a Segunda de Reyes. En Segunda de Reyes vamos a encontrar la causa. Está en el capítulo 24 que estábamos leyendo. Lo vamos a encontrar en el versículo 3.

Específicamente, ya no estamos hablando directamente del mundo, de las naciones del mundo, sino del pueblo de Dios. O sea, también esto que está pasando es un castigo para nosotros, para el adventismo apostatado. Vamos a leerlo. Segunda de Reyes, versículo… capítulo 24, versículo 3: «Ciertamente vino esto contra Judá. ¿Por qué? Por dicho de Jehová, para quitarla de su presencia. ¿Y por qué causa? Por los pecados de Manasés, conforme a todo lo que hizo.» Versículo 4: «Asimismo, por la sangre inocente que derramó, pues llenó a Jerusalén de sangre inocente; Jehová, por tanto, no quiso perdonar.»

Sí. ¿Cuáles son esos pecados de Manasés, además de la sangre inocente? ¿Cuáles son los pecados de Manasés que lo repitieron Joacim, que lo repitió Joaquín, que lo repitió Sedequías? ¿Cuáles son esos pecados? Bueno, ajá, pero basta con un versículo. Solamente vamos a buscarlo así y ustedes se van a acordar. Ezequiel, capítulo 9. ¿Se acuerdan que les dije que Ezequiel era uno de los profetas contemporáneos con Daniel? Ezequiel 9. Hablamos de esto para el tiempo final, pero resulta que el contexto original de Ezequiel 9 es lo que pasó en el templo de Jerusalén en lo que hizo Nabucodonosor.

Ezequiel 9 dice, versículo 1: «Clamó en mis oídos con gran voz diciendo: Los visitadores de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.» «Y he aquí, seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura una escribanía de escribano, y entrados, se pararon junto al altar de bronce. Y la gloria del Dios de Israel se alzó del querubín sobre el cual había estado, al umbral de la casa. Y llamó Jehová al varón vestido de lino que tenía a su cintura la escribanía.» Y le dijo Jehová, versículo 4: «Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman.» ¿Por qué? «A causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.» «Y a los otros dijo a mis oídos: Pasad por la ciudad en pos de él y herid; no perdone vuestro ojo ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes, vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno. Pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal no os acercaréis, y habéis de comenzar desde mi santuario.»

¿Cuáles son las abominaciones? Lean el capítulo 8 de Ezequiel. ¿Y cuál es el capítulo 8? ¿Qué dice? Había una imagen en la entrada del templo, una imagen de Asera. Había 25 varones que se estaban postrando al nacimiento del sol. Había mujeres que estaban endechando a Tamuz. Había ancianos que estaban ofreciendo inciensos y oraciones a las serpientes y reptiles que habían pintado dentro del templo. Esas son las abominaciones.

Y por eso venía el castigo. Por eso el Señor, por eso cuando Daniel dice, cuando habla en el capítulo uno, dice que Jehová entregó en sus manos de Nabucodonosor a Joacim y entregó los vasos del templo y entregó el templo a causa de los pecados de Manasés. Porque eso comenzó con Manasés, pero lo continuaron todos los reyes. No hubo arrepentimiento. El único que se arrepintió de lo que hizo Manasés fue Josías, pero no fue suficiente su reforma porque el pueblo no se arrepintió. Sí, porque los reyes que vinieron después de Josías siguieron con la misma abominación.

Pero, ¿cuál fue la abominación? Estamos hablando de que colocaron dioses falsos. Estamos hablando de que dejaron de adorar a Jehová. Y en su lugar adoraron una trinidad compuesta por Asera, que era la mujer; Baal, que es el sol al que se estaban postrando; y Tamuz, que era el hijo de ellos dos, a quien las mujeres estaban endechando. Y esa… Ahora les pregunto, ¿y esos dioses de dónde eran? De Babilonia. Estaban adorando el dios de Babilonia, el dios de, bueno, Jezabel.

Entonces, esa es la causa. Y qué pasa en Mateo 24:15, cuando el Señor Jesús dice: «Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos…» O sea, porque el Señor entregó a los judíos de su tiempo, el tiempo de Jesús, a Roma. Esto fue, esto es lo que hemos estudiado: de por qué fue entregada a Jerusalén en tiempos de Nabucodonosor. ¿Y por qué fue entregada Jerusalén en tiempos de Jesucristo? ¿Por qué? ¿Cuál fue su pecado? ¿Cuál fue su abominación? Exactamente lo mismo. ¿A quién rechazaron? A Cristo.

Y ya lo hemos estudiado en otras ocasiones, ¿verdad? En Juan, capítulo 19, dice la Escritura que los judíos dijeron que entregaban a Cristo a la crucifixión porque él se dijo que él era hijo de Dios. O sea, ellos creían en un Dios que no tenía hijo. Y cuando Jesús dijo que él era el hijo de Dios, «no aceptamos eso.» Y crucificaron al mismo Señor que los creó, al mismo Señor del sábado. Y adoptaron no solamente otro Dios, sino otras creencias, productos también que venían también de Roma. De hecho, si ustedes se acuerdan en la historia, cuando los estaban llevando ante Pilato y Pilato estaba como dudando entre si crucificar a Cristo o no, ¿qué dijeron? Una frase clave que ellos dijeron. Pilato les dijo: «¿A vuestro rey he de crucificar?» Porque la acusación era que él se proclamó rey de los judíos. Dijeron: «No tenemos más rey que César.» Entonces dijeron: «Un solo rey tenemos, que es César.» O sea, ellos decidieron: «No queremos al rey de Israel, que es Jesucristo; queremos que César sea nuestro rey.» Pero César era el sumo pontífice del Imperio Romano, porque el cargo de sumo pontífice no es del papado, es un cargo que el papado heredó del Imperio Romano. Ellos escogieron al sumo pontífice César. Y entonces, ¿qué hizo el Señor? Bueno, ya que ustedes lo han elegido a él, lo entrego en sus manos. Y por eso fue que vino Mateo 24:15: Jerusalén rodeada de ejércitos.

Y ese es, y eso es lo que va a pasar al final de los tiempos. O sea, lo que estamos viendo, por así decirlo, no profetizando, no diciendo que esto es lo que textualmente dice la Biblia. No. Estamos analizando la historia y viendo sus repeticiones. Lo que podríamos decir es que estamos entonces entrando en el fin o en el comienzo del fin, en el comienzo en el que Estados Unidos está hablando como dragón, como lo hizo Nabucodonosor, como lo hizo Roma. El final de Nabucodonosor fue la destrucción del templo, lo mismo que en Roma. Y ambas destrucciones del templo simbolizan una cosa. Es más fácil cuando ustedes lo ven en Mateo 24:15. Mateo 24:15: la abominación asoladora simboliza la desolación del templo. Pero, ¿qué es eso en el tiempo actual? La ley dominical, la marca de la bestia, que ahí vendrá el castigo.

Ahora mismo el castigo es para las naciones, para los reyes. Ahora mismo podríamos decir que se está entregando las naciones del mundo a la nueva Roma, a la nueva Babilonia. ¿Por qué? Porque al final, ¿cómo se va a cumplir la profecía que dice, que hemos ya leído, que ejerce todo el poder de la primera bestia? ¿Cómo va a imponer la marca de la bestia a nivel mundial si no tiene el control del mundo? No quiere decir que estamos diciendo: «Ah, mira, qué bien, son santos y perfectos.» No, pero eso es lo que dice la profecía. Y al final el castigo final vendrá para el adventismo apóstata, como vino para los judíos apóstatas del tiempo de Daniel, para los judíos apóstatas del tiempo de Jesucristo; vendrá para los adventistas apóstatas de este último tiempo.

¿Cuál es el llamado?

Bueno, no puede ser otro. No puede ser otro que el que leímos, ¿no? En Apocalipsis 18 está el llamado que lo leímos, si se acuerdan, en la lectura bíblica. Lo leímos en Jeremías. Cuando hicimos la lectura bíblica de Jeremías, leímos lo mismo que vamos a leer en Apocalipsis 18. Y qué fue lo que, qué es lo que dice Apocalipsis 18. Dice, versículo 4, ¿no?: «Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados y no recibáis de sus plagas.»

Aquí la salida no es una salida política ni social, esto es una salida espiritual, religiosa. Salid de todo lo que es el vino de Babilonia, las doctrinas de Babilonia que justamente en el tiempo de Ezequiel se introdujeron en el templo de los judíos, que en el tiempo de Jesús se introdujeron entre los fariseos y saduceos, y que en este último tiempo se ha introducido, como ya lo hemos estudiado, bajo la forma o bajo el nombre de la apostasía Omega. Salid de esas doctrinas, salid de todo vínculo espiritual, de todo vínculo religioso con Babilonia para no participar de sus pecados y no recibir sus plagas. ¿Por qué? Porque si nosotros nos aferramos a esa doctrina, estamos diciendo lo mismo que los judíos del tiempo de Cristo: «Nosotros aceptamos lo que diga César, el actual César.»

La Biblia dice que Jehová es uno y que tiene un hijo, pero yo acepto el dios de Jezabel, el dios de Babilonia, el dios de Roma. La Biblia dice que Jesucristo vino a salvarnos y tomó de nuestra misma carne. Pero Babilonia no cree eso. Ya lo hemos estudiado en la escuela sabática. Babilonia dice que los dioses no tienen contacto con la carne. Roma dice eso mismo, que… ¿Cómo es que dicen? Que la madre de Jesús nació sin carne de pecado, sin pecado original. Pero no es lo que dice la Biblia. Tenemos que salir de todas esas doctrinas e influencias espirituales babilónicas y romanas para que no participemos de sus pecados, porque si no, entonces la decisión que estamos haciendo, virtualmente, ¿cuál es? «Yo me quedo con el rey que es César y acepto sus doctrinas y sus inventos, sus enseñanzas en lugar de lo que Dios ha dicho en su palabra.» Eso es.

«Salid de ella, pueblo mío. Sus pecados han llegado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus maldades.» Esto no es ahorita. O sea, el que los pecados han llegado hasta el cielo, el que Dios se ha acordado de sus maldades, esto llegará pronto, porque también Babilonia, aunque fue instrumento para castigar a otras naciones, cuando llegó su momento, también fue castigada. Babilonia fue castigada. Ciro, rey de Persia, vino a castigar. Daniel, capítulo 5. Roma fue castigada. Las tribus bárbaras castigaron a Roma y la destruyeron. Las cuatro primeras trompetas lo dicen. Y también Apocalipsis 18, no esto que hemos leído, sino el resto de los versículos, dice que vendrá el castigo, porque dice, después que dice «sus pecados han llegado hasta el cielo,» dice el versículo 6: «Dadle a ella como ella os ha dado y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble.» Y luego empieza a explicar que será quemada esa ciudad, que no podrá hacer más mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de canela, que un ángel tomó una piedra de molino, la echó, y dijo que así será derribada Babilonia. Inclusive los mercaderes de estas cosas que se han enriquecido también serán castigados.

Pero eso no quita que antes que llegue ese momento, Dios nos manda a que nosotros veamos la perspectiva de lo que está ocurriendo, veamos el significado espiritual y reafirmemos, reafirmemos el camino que el Señor nos manda. ¿Cuál es el camino? El camino de Daniel, el camino de Ezequiel, el camino de Jeremías, el camino de Jesucristo, el camino de los apóstoles, el camino del tercer ángel.

Entonces, bueno, que el Señor nos bendiga en este estudio.

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