Pioneros Jaime White

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El período profético de Levítico 26, o lo que se ha supuesto que es tal, no ha sido un objeto pequeño de estudio entre los expositores proféticos. Se ha supuesto que la expresión “siete veces”, en los versículos 18, 21, 24 y 28, denotaba un período profético de 2520 años, y que este período comprendía el tiempo durante el cual el trono de Israel debía estar y permanecer subvertido y hollado por poderes opresores. Por lo tanto, fijar correctamente el comienzo y la terminación de este período llegó a ser un asunto de consecuencia. ¿Dónde comienza? y ¿dónde termina? han sido preguntas de mucho estudio, y quizá de alguna perplejidad.

Sin embargo, estas no son las preguntas que aquí proponemos discutir; porque hay una pregunta que subyace a estas y que exige ser respondida primero; a saber: ¿Aparece en Levítico 26 algún período profético en absoluto? Afirmamos que no lo hay, y ofreceremos algunas de las razones que para nosotros son muy concluyentes para esta posición:

  1. Se amenaza una serie de juicios contra Israel en caso de que no escucharan a Dios para hacer sus mandamientos, antes de que la expresión “siete veces” sea introducida. Versículos 14–17. En estos juicios se incluye ser muertos delante de sus enemigos, ser gobernados por quienes los odiaban, y huir cuando nadie los perseguía. Ahora bien, si las “siete veces” hubieran sido destinadas a cubrir el período de los juicios especiales de Dios contra Israel, especialmente de su cautiverio por poderes extranjeros, estas “siete veces” deberían haber sido mencionadas en conexión con la primera amenaza de juicios de esta clase. Pero esto, como hemos visto, no es el caso.
  2. Después de la amenaza de estos juicios, Dios dice, en el versículo 18: “Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados.” Luego sigue una enumeración de los juicios que vendrán sobre ellos en cumplimiento de esto, diferentes de los elementos de la primera amenaza, e incrementándose en severidad.
  3. Si no escuchaban tampoco por esto, se les amenazaban “siete veces” más plagas, “conforme a vuestros pecados”. Versículo 21. Luego sigue nuevamente una enumeración de juicios correspondientes, más severos aún que cualquiera de los precedentes.
  4. Si no se reformaban con estas cosas, Dios amenazó castigarlos siete veces más por sus pecados. Versículo 24. Y de la misma manera que lo anterior, sigue inmediatamente una enumeración de los juicios que serían infligidos en cumplimiento, aún más terribles.
  5. Y si no escuchaban a Dios por todas estas cosas, él hace una amenaza final de que andará en contra de ellos con furor, y los castigará siete veces por sus pecados. Versículo 28. Y nuevamente sigue inmediatamente una enumeración de los juicios que serían infligidos, superando a todos los anteriores en su terrible severidad. Entre ellos estaban el comer la carne de sus hijos e hijas, tornar en desolación sus ciudades, llevar la tierra a tal desolación que sus enemigos se asombrarían de ella, dispersarlos entre todas las naciones y sacar espada en pos de ellos en todas las tierras de su dispersión. Con pavorosa precisión todo esto ha sido cumplido, aun hasta el comer la carne de sus propios hijos, como en los terribles sitios que precedieron la caída de Jerusalén.

Así tenemos, primero, una serie de juicios amenazados contra Israel, sin la expresión “siete veces”, y luego la declaración hecha cuatro veces de que Dios los castigaría siete veces por sus pecados, cada una en condición de que la anterior no condujese al arrepentimiento, y cada una conteniendo su propia enumeración específica de juicios, distinta de las precedentes, e incrementándose regularmente en la severidad de sus denuncias. Ahora bien, ¿qué se entiende por esta repetida expresión “siete veces”? Respondemos: denota, no la duración del castigo, sino su intensidad y severidad. Está bien expresado en el lenguaje del versículo 21, así: “Traeré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados.” El número siete, denotando perfección, hemos de entender sin duda por esta expresión la plenitud de su castigo; que la medida de sus pecados nacionales sería en cada caso plenamente igualada por la medida de sus calamidades nacionales.

Y esta posición está plenamente sustentada por el original, como mostrará una breve crítica.

En referencia al hebreo, aprendemos por la Concordancia Hebrea que la expresión “siete veces”, en Levítico 26, proviene de shevaʿ; y esta palabra es expresamente clasificada por Gesenius, en esos textos, como un adverbio, también en Salmo 119:164 y Proverbios 24:16. En Daniel 4:16, 25, la expresión “siete tiempos” ocurre dos veces, donde sin lugar a duda significa duración. Nabucodonosor debía ser expulsado de entre los hombres y morar con las bestias del campo, hasta que siete tiempos pasaran sobre él. No puede haber equivocación en que aquí la expresión significa un cierto espacio de tiempo; pero aquí encontramos, no el adverbio como en Levítico 26, sino el sustantivo ʿiddān, definido por Gesenius como “tiempo, en lenguaje profético, por un año.” En Daniel 7:25, donde se presenta un período profético en la expresión “un tiempo, y tiempos, y medio tiempo”, se usa la misma palabra. En Daniel 12:7, donde nuevamente se presenta el mismo período y en casi el mismo lenguaje, tenemos otra palabra, moʿēd, definida por Gesenius como: “designación de tiempo. Se habla de un espacio de tiempo designado y definido. En el estilo profético, un año.” Se verá por esta definición que esta palabra es sinónima de la usada en Daniel 7:25, como se mencionó arriba. Ahora bien, si se pretendiera un período de tiempo por la expresión “siete veces” en Levítico 26, ciertamente debería haber sido usada una de estas palabras. Y el hecho de que ninguna de estas se use allí, sino otra palabra, y esa un adverbio, coloca fuera de duda que no se intenta tal período.

El griego es igualmente definido. La Septuaginta tiene en Levítico 26 heptákis, que es un adverbio que significa “siete veces”. En Daniel 4:16, 25, para los “siete tiempos” de Nabucodonosor no tenemos heptákis, el adverbio, sino heptakairoi, un sustantivo y su adjetivo. Y en todos los casos donde ocurre la palabra “tiempo” denotando un período profético, como en Daniel 7:25; 12:7; Apocalipsis 12:14, proviene del sustantivo kairós. No existe tal cosa como un período profético basado en un adverbio.

Así, pues, no hay período profético en Levítico 26; y quienes imaginan que tal cosa existe, y se rompen la cabeza ajustando sus diversas fechas, sencillamente están golpeando el aire. Ignorar o tratar con negligencia un período profético donde uno es claramente dado es censurable en extremo. Es igualmente inútil, aunque no tan atroz, tratar de crear uno donde no existe.

Video explicativo:

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